sábado, 24 de diciembre de 2011

Galaxias


¿A qué huelen las estrellas? ¿A qué sabe la Luna? ¿Cuál es el tacto del universo? El mayor premio es imaginar que te tengo, imaginarme eso es el mayor de los suicidios. Y ahí está tu reflejo, que se empeña en distraerme. Ingrávido, limpio por fuera y limpio por dentro, como si nunca se hubiera estropeado, perfecto. Este silencio sólo eterniza mi recuerdo. Lo rompo y cae en mil pedazos, miles de fragmentos minúsculos de cristal. Asombra la facilidad con la que podemos destruir. Pero nunca desapareciste del todo, como la sombra que te sigue a todas partes. Velos de estupor por que no me lo creo. Buscar algún árbol al que contarle las penas y las desdichas que un día nos hicieron blandos. Navegar en ese barquito de papel a sabiendas de que no llegará a buen puerto. Y como un buen capitán, ser el último en abandonarlo. Unir tu destino a su suerte. Volver a recomponer tu imagen como último remedio. Y saber que tu reflejo no se irá del todo.