Así de simple, en una cuerda. Sin saber si al siguiente paso vas a caer. No mires abajo, jamás mires abajo, concentrate en el horizonte aunque no lo veas nítido. Controla esos nervios, no tiembles, relaja la respiración, camina más rápido, no tengas miedo, haz todo lo que se supone que debes hacer. Pero sabes que se puede romper en cualquier momento, que es tan frágil como una pompa de jabón. Y al final es como la propia vida.